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¿QUÉ Y CÓMO HABLAMOS ANTE LOS NIÑOS?




En muchas ocasiones suele suceder que los adultos hablamos delante de los niños como si ellos no estuvieran presentes.

Puede ser que estemos en rol de padres, docentes, profesionales, amigos, pero creemos que los niños no escuchan y/o comprenden aquello que hablamos entre adultos sobre ellos o bien sobre temas que los niños no deberían oír.

Ya sea por nuestro tono de voz o por el tono de la conversación, los nervios o la angustia de aquello que transmitimos, los niños perciben y comprenden mucho mas de lo que nosotros creemos

Pero lo hacen de forma literal, no comprenden los doble sentidos, metáforas ni sarcasmos.

En ocasiones, ciertos fragmentos o palabras de esas conversaciones que escuchan no son comprendidas por ellos en su totalidad y en su contexto, aunque conocen su gravedad, peligrosidad o negatividad y quedan resonando en su cabeza y en su fantasía.

Todo esto es absorbido por el niño y genera una enorme carga emocional difícil de comprender y gestionar.

Cuestiones de pareja, problemas económicos o del contexto político/social que revistan gravedad deben ser abordados con cuidado, evitando que los niños estén expuestos a mensajes y contenido que por su edad y nivel de desarrollo no estén en condiciones de asimilar.

Si es necesario que conozcan esa información, el adulto evaluará el modo en que se lo transmite, acorde a su edad y capacidad de entendimiento.


INTENTEMOS EVITAR:

  • Etiquetarlos o criticarlos en su apariencia física, intelecto o dificultades.

  • Que estén expuestos a las preocupaciones de adultos, temas que podemos hablar en privado y que ellos no tienen por qué oir. Aquellas cuestiones que tengan que saber se las comunicaremos de un modo acorde a su nivel de entendimiento.

  • Criticar o mentirle a otras personas, hablar mal de ellas, de su apariencia o su forma de ser. Esto puede confundirlos e incluso generarles culpa.

  • Si tenemos que hablar sobre el niño y frente a él, intentemos que sea de forma respetuosa. Del mismo modo que lo haríamos si fuese un adulto. Un niño merece el mismo respeto y consideración que un adulto.


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